Los cambios que la radio debe hacer para su próxima metamorfosis

RadioDigitalHace ahora noventa años que se consagró la fórmula, hoy tan familiar para todos, que sumaba lo audiovisual con la información. En 1920 nacía Detroit News, la primera emisora de radio realmente informativa. Es decir, hecha con y por periodistas. La información profesional se hacía entonces instantánea y los ciudadanos descubrían que la rapidez en conocer un hecho informativo tiene un valor incuestionable. Por fin se podían dar a conocer los sucesos, los nombramientos, las defunciones, los nacimientos, las reuniones del consistorio o la cartelera de variedades sin tener que esperar a que saliera – como muy pronto a la mañana siguiente – el periódico o el semanario. La radio informativa se convirtió en una realidad. Imagino yo ahora a aquellos intrépidos plumillas intentando tener claro cómo dirigirse a la audiencia; en qué tono hablarle; cuanto debería durar una crónica; o qué tipo de contenidos serían los más apropiados. Igual que imagino a la población de Detroit ávida, al otro lado del receptor, por estar a la última de todos los acontecimientos de la ciudad. Sí, había nacido el periodismo informativo. Y además su potencia estimuló investigaciones de tan importantes personajes como Marconi, Edison, Faraday y otros muchos que son los que pusieron las bases de la radio moderna. Aunque aquellos pioneros de Detroit, desconocían que la radio llegaría a ser un medio de comunicación de masas y que llegaría a influir en la opinión pública de forma decisiva. Hoy aquella estación sigue funcionando integrada en el complejo radiofónico de CBS.

Lo cierto es que a la radio ha crecido pero no ha envejecido. Se ha transformado pero no ha cambiado su esencia última. Y, sobre todo, se está preparando para su próxima y, quizás, más importante metamorfosis. La radio será digital, sí o sí; y será sin duda el medio más multicanal y multisoporte, como ya prácticamente lo es ahora. Porque hoy en día, los contenidos de audio  — musicales o informativos – son los que se distribuyen más y mejor por todo el mundo. La red ha venido a proporcionar a la radio la perfección de la multi-ubicuidad que en cierta forma ya tenía.  Si la radio siempre tuvo la característica de poder llevárnosla bajo el brazo o viajar con ella; ahora ha conseguido romper todas las fronteras tecnológicas, administrativas y legales y hacerse universal. ¿Se imaginan ustedes cómo hubiera sido el 23-F con la distribución de información que tenemos ahora? Los golpistas no podrían haber censurado a los medios y a aquella radio que transmitía en directo, porque hoy las antenas están en Internet, el espacio de mayor libertad informativa que nadie hubiese soñado.

Eso sí, para alcanzar ese futuro deberemos antes tomar algunas decisiones. Primero continuar mezclando perfectamente los contenidos de los equipos periodísticos y musicales de las compañías de radio, con eso que ahora llamamos contenidos generados por usuarios (UGC) y que existen en la radio desde el principio en forma de llamadas o cartas, y que ahora se mejoran con las redes sociales o los blogs. En segundo lugar deberemos tener una mentalidad abierta y amoldar nuestros contenidos a todos los formatos y canales; sobre todo porque el mundo de los dispositivos se ha convertido en un conjunto de jardines cerrados en los que sus propietarios no comparten su tecnología con el vecino. Tercero, cuidaremos que esos contenidos vayan bien etiquetados, porque van a viajar por todo el universo, y quien los consuma deberá saber su procedencia. A eso se le llama trazabilidad. Y cuarto, y no menos importante, deberemos consensuar una definición para la radio. La actual se ha quedado obsoleta para un medio tan abierto.

A propósito del Mundial de Fútbol: El cambio en la forma de seguir un evento deportivo debe cambiar los modelos de las campañas publicitarias.


Se ha escrito ya mucho sobre el uso cruzado de medios de comunicación y medios sociales en el seguimiento que hacemos de cualquier evento. La toma de posesión de Obama fue la demostración más palpable de cómo ha cambiado la forma de asistir a cualquier acontecimiento. Con un ojo vemos la televisión y con otro participamos en Facebook o Twitter, por no hablar de los que aquel día subieron miles de fotos a Flickr o sus videos a Youtube. Ya no somos, como se insiste, espectadores pasivos. Jugamos ya un papel activo y no nos conformamos con ver, escuchar o leer una crónica.
Ahora bien, yo me pregunto si los que planifican campañas o los que diseñan creatividades están teniendo en cuenta ya esta nueva realidad. Si el zapping hirió ya de alguna forma a las pausas publicitarias; si el advenimiento de la televisión digital – satélite, cable o terrestre – incidió en esa lesión; ahora el uso combinado de la pantalla del video en directo (hasta ahora llamada televisión) con las redes sociales ha venido a trastocar todo el panorama. Desde el punto de vista de contenidos comenzamos a tener algunas pistas de lo que tenemos que hacer, aunque se siguen cometiendo errores de bulto. Sabemos que debemos apoyar nuestra retransmisión de eventos con acciones en paralelo en Facebook o Twitter para que los espectadores participen, opinen y tomen decisiones. Pero ¿qué pasa con la publicidad? ¿es suficiente que las marcas tengan su espacio en Facebook o que abran un canal en Youtube? Sinceramente, yo pienso que eso no sirve para casi nada. Me recuerda a aquello que decíamos hace diez años cuando creíamos que las empresas “tienen que estar en Internet” y todas abrían sus sites corporativos que no recibían ni una sola visita. Eso puede estarles ocurriendo ahora a las marcas con sus acciones en las redes sociales. Sí, son atractivas; quizás sí, hay que estar; pero, de qué sirve esa acción.
Estos días, con el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, veo como se desperdician las oportunidades. Contemplo primerísimos planos del famoso balón Jabulani, que hacen que el logo de Adidas penetre e invada nuestros hogares acaparando toda la atención en nuestras retinas. Pero esa gran ocasión de la marca deportiva no le encuentro un reflejo en Facebook. Sí, me puedo hacer fans del Jabulani; podría también utilizar la aplicación de Adidas, pero eso es desperdiciar toda la potencia de los medios sociales. ¿A nadie se le ha ocurrido incluir en el balón – que vemos en todos los partidos en primerísimos planos – algún reclamo para una acción realmente socializadora? ¿No puede entenderse que hay que mantener al usuario cautivo, activo, divertido, participante y atrapado por el producto o servicio que queramos venderle? Debemos aplicar la filosofía de los medios sociales a las campañas y no utilizar estrategias de los medios tradicionales en los nuevos medios. Y esa estrategia se resume en una palabra: participar. Hagamos que los receptores del mensaje sean también emisores. Es decir, que participen. Para ello por supuesto debemos tener herramientas de control y estrategias que impidan que las acciones se vuelvan contra nosotros. Porque hoy ese riesgo ya existe tanto para los que lo hagan bien como para los que se inhiban o sigan equivocando el tiro. Cualquiera pueda dañarnos desde una red social; pero si nosotros jugamos al mismo juego y con las mismas reglas el riesgo será menor y el resultado se multiplicará exponencialmente.

El caso de Adam Carolla, o como la radio en Internet es rentable


Tenemos que cerrar el debate ya. La radio es un producto, basado en contenidos sonoros, que se transmite por cualquier canal y se recibe en cualquier dispositivo. Veo cada día ejemplos que nos demuestran la vitalidad del medio radio y que nos enseñan un camino a recorrer siempre y cuando partamos de esa base. Es decir, la radio no es solo el medio que transmitimos a través de emisores de FM, AM, DAB, DRM, o cualquier otra tecnología que permita su difusión por las ondas hertzianas. Ni mucho menos. Por eso me ha gustado tanto el recorrido que ha realizado Adam Carolla, un showman que hace un año y medio vió como clausuraban su programa en la emisora franquiciada por CBS en Los Ángeles. Carolla no dudó un segundo en seguir haciendo radio; aunque careciera de una estructura empresarial que le diera el soporte técnico tradicional. Su reflexión le llevó a pensar que hoy ya no es necesario contar con una red de emisoras, con unos postes que difundan la señal, para que el producto llegue a los oyentes. Y así fue. El 23 de febrero de 2009 lanzó su primer podcast. Un auténtico programa de auténtica radio. En su tercera semana ya había sido descargado 250.000 veces en Itunes desde Estados Unidos y Canadá. En poco tiempo ya tenía más de dos millones y medio de oyentes y, por tanto, se había convertido en un soporte comercial de gran atractivo. Si somos estrictamente sinceros hemos de añadir que Adam Carolla era ya un personaje de gran relevancia; un comunicador reconocido que contaba con una multitud de seguidores. Pero aún así, esta circunstancia, no venía más que a probar la capacidad que en esta nueva era tienen las personas – convertidas en auténticas marcas – frente a las corporaciones. Todos podríamos imaginar qué ocurriría con cualquier gran comunicador de los que dirigen los grandes programas que se emiten en cualquier país como el nuestro si hicieran el mismo ejercicio. Seguro que se llevarían también a masas importantes de oyentes que pasarían a escucharlos en su Iphone, en su teléfono móvil o su radio Wifi. Adam Carolla consiguió oyentes y rentabilidad económica. Es decir un modelo de producto y un modelo de negocio ambos sostenibles.

Por todo ello debemos pensar que la radio no solo sigue viva, sino que tiene más vitalidad que nunca. Su portabilidad y su capacidad de ser escuchada sin que tengamos que monopolizar nuestra atención en lo que llega a nuestros oídos, son los dos factores claves que harán de la radio un medio de futuro. Mientras la prensa escrita trata de encontrar su nuevo perfil, diseñando el nuevo formato de producto para el escenario digital, la radio lo debería tener claro. Su producto no debería variar demasiado; pero sí su distribución y los servicios asociados a su consumo.

Además en este mundo de competencia excesiva las marcas serán los auténticos propulsores del éxito. Adam Carolla es en sí mismo una marca, aunque su producto se difunda por las ondas o se descargue de Itunes. De ahí la importancia de que las grandes compañías de radio protejan más que nunca a sus marcas y desarrollen sin miedo una política clara de distribución de sus productos en los nuevos canales. No se debe temer a los nuevos jugadores tecnológicos – Google, Itunes, Microsoft, Twitter, Facebook, Nokia, etc. Todos ellos deben convertirse en meras herramientas de distribución, en plataformas que intermedien entre fabricantes de radio y usuarios. El mismo papel que juegan las tradicionales antenas para que la radio de siempre llegue a nuestros receptores.