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Mass Media y Social Media: El periodismo hoy es el mismo de siempre; pero con nuevas herramientas.

El periodista siempre ha estado obligado a ser más sociólogo que redactor; más buscador de nuevas situaciones y nuevas realidades que descriptor de lo que ve. Esto no es nada nuevo pero hoy es más necesario que nunca. El periodista siempre tuvo que saber mirar y saber escuchar. Luego, por supuesto, tendrá que contarlo bien. Pero la clave está en ver las cosas que otros no ven; en descubrir el lado diferente de una realidad; en poner al descubierto lo que alguien quiere ocultar. Algunos llaman a eso periodismo de investigación; otros lo convertirán en periodismo costumbrista y otros más harán de eso la complicada tarea de recoger testimonios interesantes de personajes absolutamente plúmbeos. Esto, ha ocurrido siempre. Hoy también es así, pero con algunas variantes importantes. Hoy el periodista cuando observa tiene más ojos que nunca. Las fuentes, que en el principio estaban en la calle, están hoy sentadas en las mesas de los redactores. Es más, se confunden directamente con los periodistas e incluso quieren ocupar el puesto del redactor. Hoy cada persona que circula por la calle, cada diputado de cualquier parlamento del mundo, cada deportista de éxito de cualquier competición, publica en primera persona su particular aventura. ¿Y dónde queda el papel  del periodista?

Es un debate infinito, con tantas respuestas y análisis como periodistas hay en todo el mundo.  Por mí parte intentaré simplificarlo al máximo.

Hasta hace poco el proceso de creación periodística nacía en la fuente, posteriormente continuaba con la observación del profesional y por último la producción del mensaje tal y como llega al ciudadano.

Hoy las dos primeras etapas han convergido en una sola. La fuente y la observación se han fusionado. El que conoce un acontecimiento lo describe y lo envía hasta nuestras redacciones apoyándose en alguna de las muchas herramientas que los medios estamos poniendo a disposición de los lectores, oyentes o telespectadores. Luego el periodista deberá filtrar ese contenido, ordenarlo, priorizarlo y finalmente publicarlo. Es decir, la labor periodística se ha acortado y el ciudadano ha asumido una parte de nuestro trabajo.

Hoy millones de personas circulan por la calle con un móvil equipado con cámara de fotos. Es decir, son reporteros en potencia que, ante una situación noticiosa, pueden utilizar su dispositivo y subir a la red una instantánea periodística. Los móviles de esas personas además son grabadoras de sonido que pueden recoger el testimonio de cualquiera. Y por si fuera poco están equipados con conexiones que permiten enviar todos esos documentos a cualquier servicio o a cualquier medio de comunicación.

Y, ante esta situación, ¿cuál debe ser nuestra posición?  Por mi parte solo diré que los medios de comunicación no compiten con los socialmedia. Estos últimos tienen la característica y la bondad de no tener filtros de publicación y tienen el encanto de la inmediatez absoluta, muchas veces de la ingenuidad, y la carga emotiva del compromiso individual de cada uno. Pero los medios sociales no tienen el criterio de un profesional y, muchísimo menos, la capacidad de producir con unas normas periodísticas el mensaje que llega a los consumidores de información.

Los medios sociales y los medios de comunicación debemos movernos en ámbitos distintos. Todos tienen su espacio pero los medios de comunicación y los periodistas tienen que aprender a convivir con esta nueva realidad. Si no entendemos que no debemos competir con los que no son nuestros competidores nos estaremos equivocando y tomando como enemigo a los que deben ser nuestros aliados.

A propósito del Mundial de Fútbol: El cambio en la forma de seguir un evento deportivo debe cambiar los modelos de las campañas publicitarias.


Se ha escrito ya mucho sobre el uso cruzado de medios de comunicación y medios sociales en el seguimiento que hacemos de cualquier evento. La toma de posesión de Obama fue la demostración más palpable de cómo ha cambiado la forma de asistir a cualquier acontecimiento. Con un ojo vemos la televisión y con otro participamos en Facebook o Twitter, por no hablar de los que aquel día subieron miles de fotos a Flickr o sus videos a Youtube. Ya no somos, como se insiste, espectadores pasivos. Jugamos ya un papel activo y no nos conformamos con ver, escuchar o leer una crónica.
Ahora bien, yo me pregunto si los que planifican campañas o los que diseñan creatividades están teniendo en cuenta ya esta nueva realidad. Si el zapping hirió ya de alguna forma a las pausas publicitarias; si el advenimiento de la televisión digital – satélite, cable o terrestre – incidió en esa lesión; ahora el uso combinado de la pantalla del video en directo (hasta ahora llamada televisión) con las redes sociales ha venido a trastocar todo el panorama. Desde el punto de vista de contenidos comenzamos a tener algunas pistas de lo que tenemos que hacer, aunque se siguen cometiendo errores de bulto. Sabemos que debemos apoyar nuestra retransmisión de eventos con acciones en paralelo en Facebook o Twitter para que los espectadores participen, opinen y tomen decisiones. Pero ¿qué pasa con la publicidad? ¿es suficiente que las marcas tengan su espacio en Facebook o que abran un canal en Youtube? Sinceramente, yo pienso que eso no sirve para casi nada. Me recuerda a aquello que decíamos hace diez años cuando creíamos que las empresas “tienen que estar en Internet” y todas abrían sus sites corporativos que no recibían ni una sola visita. Eso puede estarles ocurriendo ahora a las marcas con sus acciones en las redes sociales. Sí, son atractivas; quizás sí, hay que estar; pero, de qué sirve esa acción.
Estos días, con el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, veo como se desperdician las oportunidades. Contemplo primerísimos planos del famoso balón Jabulani, que hacen que el logo de Adidas penetre e invada nuestros hogares acaparando toda la atención en nuestras retinas. Pero esa gran ocasión de la marca deportiva no le encuentro un reflejo en Facebook. Sí, me puedo hacer fans del Jabulani; podría también utilizar la aplicación de Adidas, pero eso es desperdiciar toda la potencia de los medios sociales. ¿A nadie se le ha ocurrido incluir en el balón – que vemos en todos los partidos en primerísimos planos – algún reclamo para una acción realmente socializadora? ¿No puede entenderse que hay que mantener al usuario cautivo, activo, divertido, participante y atrapado por el producto o servicio que queramos venderle? Debemos aplicar la filosofía de los medios sociales a las campañas y no utilizar estrategias de los medios tradicionales en los nuevos medios. Y esa estrategia se resume en una palabra: participar. Hagamos que los receptores del mensaje sean también emisores. Es decir, que participen. Para ello por supuesto debemos tener herramientas de control y estrategias que impidan que las acciones se vuelvan contra nosotros. Porque hoy ese riesgo ya existe tanto para los que lo hagan bien como para los que se inhiban o sigan equivocando el tiro. Cualquiera pueda dañarnos desde una red social; pero si nosotros jugamos al mismo juego y con las mismas reglas el riesgo será menor y el resultado se multiplicará exponencialmente.

Hace falta Innovación en el uso de los Medios Sociales desde los Medios de Comunicación

Es una relación todavía en primera fase. Ambos se están explorando y desconocen realmente hasta donde pueden llegar. Hablo de la interrelación de los Medios de Comunicación con los Medios Sociales.

Parto de la base de que la entrada en tromba de los Medios Sociales ha traído un nuevo orden mundial en la comunicación, en el que la información no va ya de uno a muchos – como ocurría hasta ahora con los mass media – sino que se difunde como un big bang de explosiones continuadas que van irradiando comunicación entre individuos. Es decir, el contenido informativo — esa unidad molecular que se transmite desde el televisor, el aparato de radio o el periódico, hasta millones de personas — ahora tiene un comportamiento diferente. Gracias a los medios sociales ese contenido rebota una y otra vez; se propaga mucho más allá; llega a receptores que no estaban a nuestro alcance – ni físico, ni ideológico, ni cultural – y multiplica la onda expansiva que los medios tradicionales venían generando hasta ahora. Es decir, hacen de microrepetidores que en gran número difunden una y otra vez cualquier cosa de interés que se les aproxima. De ahí la gran ventaja que el buen uso de los medios sociales tiene para el periodismo, la comunicación y la publicidad. Hoy, las noticias de los periódicos, los episodios de las series de televisión y los audios de los programas de radio, viajan a la velocidad de la luz gracias a Flickr, Youtube o Delicious – por poner solo algunos ejemplos. Las herramientas sociales agigantan la cobertura que teníamos. Y si del conjunto de los Medios Sociales, analizamos el subconjunto de las redes sociales, el análisis aún es más espectacular. Facebook, Twitter, Tuenti o Hi5 tienen una capacidad prescriptora de contenidos todavía mayor. Una noticia rebotada en Facebook o Twitter se expande una y otra vez de individuo a individuo, de grupo a grupo, y con el consejo o prescripción de un amigo o conocido.

Por eso, hasta ahora, todos los medios hemos hecho lo mismo. Subir nuestros contenidos en esos nuevos vehículos que viajan por las nuevas vías. Y ha sido una buena decisión, pero poco imaginativa. Hemos conseguido por ejemplo que las alertas informativas que antes utilizaban el correo electrónico para llegar a sus destinatarios ahora se transmitan por las redes sociales. Antes un sms o un correo electrónico nos informaban de un suceso, de que unas entradas salían a la venta, o del final de una serie televisiva. Ahora todo eso ocurre en Facebook o Tuenti.

Eso está bien. Pero no es suficiente. Estamos utilizando un vehículo con la potencia de un trasbordador espacial para movernos por la tierra. Por eso debemos dar un nuevo salto. Estamos obligados a innovar. No basta con utilizar como antenas a los individuos que llenan las praderas de las redes sociales. Busquemos nuevos modelos. Me ha gustado lo que ha hecho HBO con el lanzamiento de la última entrega de True Blood en Blue Ray. Los amantes de esa saga que reproduzcan los capítulos en un dispositivo conectado a Internet – por ejemplo la PS3 — y que estén logados en una cuenta de Facebook verán como esa cuenta se actualiza a medida que van conociendo el desenlace de la trama. Por ejemplo, “Pepe Pérez está ahora mismo a punto de ver qué ocurre con la protagonista”. Lo cual es un buen ejercicio de viralidad y de gancho para atraer nuevos compradores del producto. Así que Imagínense ustedes ahora este mismo comportamiento para otros contenidos informativos, musicales, comerciales o de cualquier tipo en el que el usuario permita ese tipo de actualizaciones. Se abriría otro potente horizonte para la promoción de marcas, contenidos y servicios.

Es solo un ejemplo, pero sin duda marca un camino. La televisión, como medio, debería analizar qué hacer ante esa tendencia que nos señalaba Microsoft Advertising confirmando que un 70% de los consumidores accede a Internet mientras ve la televisión o dirigen su atención a Internet durante las pausas publicitarias. A eso se llama ya media meshing, y puede ser un problema o una oportunidad.

Un problema porque los mensajes de las pausas publicitarias pierden impactos pero una oportunidad porque desde esa conexión a la red pueden llegar, sobre todo desde las redes sociales, nuevos modelos de llegar a los usuarios.

En resumen, los Medios de Comunicación deben continuar apoyándose en los Medios Sociales, pero no basta con utilizarlos de propulsores hay que aliarse con ellos para que de la combinación de ambos salga un nuevo ecosistema con nuevos territorios para conquistar y una velocidad de transmisión desconocida hasta ahora.